Comunidad de Aprendizaje | Learn2talk Comunidad

Blogs de la comunidad de aprendizaje Learn2talk Educación. Crea una cuenta y participa con nosotros. Abierto, gratis y libre.

Sexualidad y género. Algunas reflexiones desde mi experiencia como estudiante

 

Quisiera compartir una breve reflexión sobre mi experiencia personal como estudiante de un “Liceo de niñas” (Santiago de Chile) –de aquellos llamados “emblemáticos”—, donde estudié la enseñanza media entre los años 1999 y 2002. Sé que es una experiencia añeja, por lo cual puede no tener tanto sentido en tiempos actuales, pero aprovecho la ocasión para compartir ciertas cavilaciones que hace algunos años rondan mi cabeza y que aluden a los discursos a los cuales nos enfrentamos siendo adolescentes mujeres en un establecimiento educativo segregado por sexo.

De alguna manera, las reflexiones de esos tiempos (y las que vivieron después) estuvieron (y están) mediadas por el feminismo. Desde mis primeros años como estudiante estuve inserta en establecimientos educativos de mujeres, por lo que más temprano que tarde me di cuenta de lo “artificial” e impositivo que puede resultar esto. Cuando asistes cotidianamente a un espacio social donde todas tus pares son mujeres, donde se comparte el sexo biológico y, a la vez, esta socialización diferenciada de género, no es muy difícil caer en la cuenta de que el mundo está escindido (entre hombres y mujeres) y que las lógicas de este tipo de establecimientos no es otra que la de construir artefactos sociales a los que podríamos llamar “mujeres-femeninas” y “hombres-masculinos”, ambos, claro, bajo la lógica de la heterosexualidad.

Como asistía a un “Liceo de niñas”, solía tener contacto social “mixto” con los chicos de los liceos “masculinos” (igualmente “emblemáticos”). Los discursos de socialización diferenciada eran clarísimos: en el Instituto Nacional, por ejemplo, se formaban los futuros presidentes de la República; y en los liceos de niñas se rogaba porque no se transformaran en maternidades. Puede parecer algo rudo o dudoso aseverar esto sin establecer ciertos matices, y es cierto, pero implícitamente esos eran (y suelen ser) los mensajes que resuenan en aquellas identidades y subjetividades en construcción. Los chicos están hechos para cosas grandes, sobre todo si se educaban en establecimientos donde un porcentaje importante ingresa a las universidades tradicionales. En cambio, para las chicas están reservados otros proyectos. Claro, una que otra ingresaría a la Universidad, pero nunca se le animaría, al menos en mis tiempos, a siquiera pensar ser senadora de la República. Luego, ya con la elección de Michelle Bachelet como presidenta, la situación se modificaría un poco, pero antes de eso, incluso simbólicamente, era muy difícil pensar en que una mujer podría llegar a ser la “máxima autoridad de una nación”.

Con este ejemplo tampoco reivindico que ser un referente político-institucional sea necesariamente algo loable, de hecho no. La clase política chilena ya ha demostrado que poco tiene de loable. No obstante, es uno de mis modos de hacer visible esta socialización diferenciada. Aunque muy pocas personas compartan este pensamiento, sigo afirmando que puede ser interpretada como una discriminación de género que el Instituto Nacional siga siendo sólo para chicos. Si bien existen Carmelas Carvajales o Liceos Uno los niveles de rendimiento reconocidos socialmente (llámense PSU u otros) siguen favoreciendo al “primer foco de luz de la nación”. Las brechas educativas por razón de género existen y continúan reproduciéndose.

Para qué hablar de los discursos sobre la sexualidad propiamente tal. Además de, en mi caso, NUNCA haber tenido algún módulo sobre el tema que no estuviese vinculado a una mirada biologicista, el discurso implícito en un colegio de chicas apuntaba en dos direcciones: no seas una mujer fácil y no te vayas a embarazar antes de terminar cuarto medio. Estos discursos resuenan más en establecimientos públicos, pues ciertamente el discurso circulante responde también a una construcción en torno a la clase social.

El discurso con el que crecen las chicas de colegios privados –independiente de la “ideología” o la “religión” en la que se enmarque sus proyectos educativos—, tiende a ser distinto al que recibimos chicas de colegios públicos, por muy emblemáticos que estos sean. Y esta diferenciación discursiva no sólo es reforzada por la escuela, sino también por las políticas públicas, al construir a las chicas “pobres” como más vulnerables, por ejemplo, a tener un embarazo no deseado. Lo que podría derivar, con más probabilidad, en la deserción escolar, lo que a su vez impactaría en su situación familiar y personal, y podría reproducir el círculo de aquella temida pobreza. Esto puede suceder… y sucede, pero esta construcción también implica la operatoria de toda una lógica del estigma.

Mi interpretación de todo esto apunta a que los discursos –en general y sobre la sexualidad particularmente—, a los que nos vemos expuestos hombres y mujeres en el ámbito educativo, no sólo responden a una construcción de género, sino también a otros estereotipos que circulan en la sociedad, que pueden aludir a la clase social, la etnicidad, la discapacidad y claro, la edad, pues los adolescentes (y qué decir los niños y las niñas) no están lo suficientemente preparados, en tanto “no-adultos”, para tomar decisiones sobre su sexualidad. Toda esta construcción sobre la vulnerabilidad desempodera, ya que anula la autonomía moral de las personas, la que, aunque en desarrollo, debiese ser reconocida.

En general, la escuela, como otras instituciones sociales, tiende a normar la sexualidad incluso manteniendo el tabú. Una de las estrategias más utilizadas es la intimidación y el silencio. Por un lado, creamos el miedo a los embarazos no deseados, a ser tachadas de puta (para el caso de las mujeres) y a contraer enfermedades; y, por otro, silenciamos la sexualidad, con lo cual privamos de conocimientos y herramientas a quien comienzan a explorarla. Así dejamos a hombres y mujeres un poco “a la deriva” de sus cavilaciones internas.

Esta situación se ha modificado en el tiempo, las nuevas generaciones están más abiertas a remover esta socialización heredada y a hablar más abiertamente sobre sexo, sexualidad, deseo y placer, pero la sociedad chilena, marcada a fuego por la cristiandad, aún responde a este patrón de silenciamiento. Con ello se deja sin referentes a niños, niñas, jóvenes y adolescentes, sobre todo aquellas/os que llevan el estigma de la vulnerabilidad y/o la discriminación (por ejemplo, chicas y chicas con baja escolaridad, de escasos recursos, con alguna "discapacidad", homosexuales, lesbianas, etc.).

Estos discursos –que tiende a reproducir la escuela y donde se entrelazan intimidación, ignorancia, estigma y tabú— son los que construyen la sexualidad desde la negatividad, desde el miedo y el riesgo (a embarazos no deseados, enfermedades, abuso, etc.). Son estas narraciones las que reproducen un imaginario que se aleja del ejercicio de autonomía y reflexión sobre las decisiones personales. Es aquí donde la sexualidad se convierte más en una nebulosa que un espacio de creación y realización humana que es necesario promover y respetar.

Estas cavilaciones me llevan a cuestionar mí rol, nuestro rol, en esta representación de la sexualidad. No como docentes (ya que no es mi caso), pero si como parte de la comunidad educativa en sentido extensivo, como gente “común y corriente” que, desde sus experiencias personales e interacciones sociales, construye y reconstruye este imaginario social (como amigas/os, padres/madres, opinión pública, investigadoras/es, tías/os, abuelas/os, etc.). En definitiva, creo que nunca está de más cuestionarse hasta qué punto, desde la cotidianidad y las acciones locales o a pequeña escala, contribuimos a reproducir o desestabilizar estos discursos que restringen nuestras libertades y las libertades de otras/os.

Ya has valorado este artículo:
¿Es mi escuela justa? Reflexión y propuesta para a...
Tecnología para la participación política en el ce...

Artículos relacionados

Comentarios

 
No hay comentarios por el momento. Se el primero en enviar un comentario.