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Justicia social, injusticia, opresión y corrupción en educación

 

El concepto de justicia social en educación es operativo, comprensible y útil si lo entendemos como un marco ético-ideológico para la evaluación de la organización y las relaciones entre los actores del sistema educativo. Si consideramos los análisis de la filósofa política Nancy Fraser (1998) y los aplicamos a la educación esta evaluación abarca al menos la dimensión de distribución de recursos y servicios, la dimensión de reconocimiento de identidad y cultura de los actores, la dimensión de la participación en la toma de decisiones.

 

Sin embargo es necesario ampliar este enfoque indagando la otra cara de la moneda, la injusticia. El binomio justicia-injusticia se puede investigar por ambas caras. Por una parte, se construye desde la reflexión ética el ideal de justicia social. Por otra parte, se analizan y se identifican las situaciones de injusticia para resolverlas.

 

Desde mi punto de vista el término injusticia social se relaciona en la literatura con varios términos, entre ellos el término opresión (Young, 1990). Ver por ejemplo "Las cinco caras de la opresión" de Young (1990). Esta visión de la injusticia como opresión cuenta con desarrollo en la educación bajo la etiqueta de educación antiopresiva. Ver por ejemplo Kumashiro (2000). Sin embargo, es menos frecuente la relación entre injusticia social con el término corrupción. En mi opinión existe una relación evidente entre la carencia de justicia social o bajos niveles de esta en contextos de alta corrupción, pues esta afectaría los programas y proyectos destinados a mejorar la distribución y la participación en la toma de decisiones.

 

Cárdenas Denham (2012) plantea que varios autores opinan que “la presencia de prácticas de corrupción en la gestión de sistemas educativos reduce la probabilidad de lograr una adecuada distribución de oportunidades educacionales” (p. 53). Recojo algunos apuntes de Cárdenas Denham que me parecen interesantes para ampliar la perspectiva de la justicia social con aspectos de la injusticia como corrupción.

 

La corrupción en los sistemas educativos usualmente se deriva de la presencia de culturas organizacionales en las que sistemáticamente se desplazan objetivos institucionales (v. gr. lograr una distribución equitativa de oportunidades) para impulsar algunos individuales (usualmente beneficios económicos). Este tipo de cultura y las prácticas que surgen a su amparo, es lo que denomino como “corrupción educacional” , retomando una definición de Nye (en Heidenheimer et al., 1989)” (Cárdenas Denham, 2012, p. 54).

 

Para Nye la corrupción es un “comportamiento que se desvía de las obligaciones formales de la función pública, que se presenta como resultado de la búsqueda de beneficios individuales (familia, familia cercana o camarilla), pecuniarios, o que mejoran su status. [...] Esto incluye comportamientos como el soborno, el uso de una recompensa para modificar las decisiones de una persona, el nepotismo y la malversación (la apropiación ilegal de recursos públicos para usos de tipo privado)” (Cárdenas Denham, 2012, p. 54).

 

El autor describe basado en una revisión de la literatura prácticas de corrupción en el nivel central y en el nivel del centro educativo y las metodologías cualitativas y cuantitativas empleadas en las investigaciones sobre corrupción en educación.

 

Hallak y Poisson (2002), “la corrupción en la esfera específica de la educación...afectaría no solamente el volumen de los servicios educativos (incluyendo su calidad y eficiencia) sino también la equidad en la educación y la confianza pública en los sistemas educativos.” (Cárdenas Denham, 2012, p. 62).

 

Aunque el autor apunta que es necesario acumular más datos, una conclusión preocupante es que la “evidencia disponible resalta el efecto diferenciado de la corrupción entre grupos poblacionales con distintas condiciones socioeconómicas, ya que usualmente se convierte en una desventaja permanente para la población más pobre” (Cárdenas Denham, 2012, p. 62).

 

La siguiente bibliografía puede aportar sustento teórico a una concepción de la injusticia social como corrupción:

 

Ashforth, B. E., y Anand, V. (2003). The normalization of corruption in organizations. Research in Organizational Behavior, 25, 1-52. doi:10.1016/S0191-3085(03)25001-2

 

Báez Corona, J. F., y Jongitud Zamora, J. del C. (2014). La influencia de la corrupción sobre el derecho a una educación de calidad. Un estudio de correlación. Prolegómenos. Derechos y Valores, 17(33), 123 – 142.

 

Cárdenas Denham, S. (2012). La corrupción en sistemas educativos: una revisión de prácticas, causas, efectos y recomendaciones. Revista Electrónica de Investigación Educativa, 14(2). Recuperado a partir de http://redie.uabc.mx/redie/article/view/310

 

Etkin, J. R. (1994). La doble moral de las organizaciones: los sistemas perversos y la corrupción institucionalizada (1a reimp.). Madrid [etc.]: McGraw-Hill.

 

Rosés, M. A., Saavedra, I., y Mayayo, J. L. (2014). Sistemas De Autorregulación Ética En Las Organizaciones No Gubernamentales (ong)/Ethical Self-Regulation Systems for Non-Governmental Organizations (ngos)/Sistemas De Auto-Regulação Ética Nas Organizações Não Governamentais (ongs). Pedagogia Social, (24), 253-279.

 

Referencias

 

 

Cárdenas Denham, S. (2012). La corrupción en sistemas educativos: una revisión de prácticas, causas, efectos y recomendaciones. Revista Electrónica de Investigación Educativa, 14(2). Recuperado a partir de http://redie.uabc.mx/redie/article/view/310

 

Fraser, N. (1998). Social justice in the age of identity politics: redistribution, recognition, participation. Stanford University. Recuperado a partir de http://www.econstor.eu/handle/10419/44061

 

Kumashiro, K. K. (2000). Toward a theory of anti-oppressive education. Review of Educational Research, 70(1), 25–53.

 

Young, I. M. (1990). Justice and the politics of difference. Princeton, New Jersey: Princeton University Press.

 

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