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Bohuslav Martinů, Complete Piano Concertos

Reseña de Disco

Bohuslav Martinů

Complete Piano Concertos

Prague Radio Symphony Orchestra

Dirigido por Tomáš Brauner

 

 

Las obras para piano y orquesta del compositor checo Bohuslav Martinů (1890-1959) ejercen una atracción casi magnética gracias a su siempre colorida orquestación. Martinů, quien, entre otras curiosidades, tiene la de una mala relación con el sistema de enseñanza musical praguense, lo que se vio reflejado en el hecho de que fuera expulsado del conservatorio por, en palabras de sus maestros, “negligencia inexcusable”. Varios críticos coinciden en que la producción musical de Martinů es de una calidad desigual y que su incansable apetito por nuevas obras le impedía volver atrás y revisar sus trabajos anteriores.

 

 

Siete son las obras que Martinů escribió para el piano y la orquesta. Estas obras han sido recientemente grabadas por la Orquesta de la Radio Checa (Symfonický orchestr Českého rozhlasu) bajo la batuta del maestro Tomáš Brauner y varios pianistas como solista.

 

 

Su Concierto no. 1 en Re mayor (H. 149) responde fielmente al sonido característico del compositor, pero además posee algo muy poco usual para su lenguaje, esto es, una fuga cerca del cierre de su primer movimiento y un hermoso canon al comienzo de la partitura. La interpretación de Václav Mácha, si bien es clara, adolece de la espontaneidad y decisión presente en otras grabaciones de este mismo concierto. Esto es particularmente cierto para el primer movimiento. La siguiente parte, sin embargo, da cuenta de la gran musicalidad de la orquesta cuya delicada introducción resulta conmovedora. El carácter danzante y travieso de Martinů se encuentra desparramado a destajo en el movimiento final de esta su primera pieza concertante para piano. Hay guiños a estilos danzantes del barroco, trasplantados aquí en un lenguaje fresco, moderno y luminoso.

 

Su segundo concierto (H. 237), el que recibió su estreno en manos del legendario pianista Rudolf Firkušný en un concierto de la Filarmónica Checa bajo la batuta de Václav Talich, es de características románticas, con un tratamiento pianístico en el cual se deja oír a Lizt y, a ratos, sobretodo en el último movimiento, a Rachmaninov. En este sentido, la interpretación de Karel Košárek se adecua muy bien al carácter romántico de esta obra.

 

El Concertino para Piano y Orquesta (H. 269) constituye una de las obras preferidas por los intérpretes. La claridad de sus ideas (algo que muchos compositores e intérpretes señalan como una característica positiva, aunque la claridad o legibilidad de una composición no debe considerarse siempre como algo destacable -al menos no como un parámetro único y excluyente) y su atractiva forma concertante, donde la orquesta cede su espacio al lucimiento del solista le han hecho popular entre el público y los intérpretes. Las delicadas disonancias del hermoso comienzo del segundo movimiento y el hermoso fraseo del que hace gala Adam Skoumal, sumado a un trabajado sonido que revela el movimiento interior de las voces que componen el leguaje armónico de Martinů, hacen de este un momento exquisito.  

 

En su Concierto para Dos Pianos y Orquesta (H. 292), Martinů regresa a su carácter más inquieto, llenando la música de colores y ritmos frenéticos. El dúo de pianos constituye una orquesta en si misma la que durante el primer movimiento funciona de manera paralela, siendo parte integral del tejido sonoro. Es en el segundo movimiento donde oímos a los solistas desprovistos de la envolvente ambientación de la orquesta. Aquí los pianos funcionan como un ente separado, casi como en un “concerto grosso”, en un dialogo pausado con la orquesta. A medida que se acerca el final del movimiento, la orquesta comienza a agregar más colores a la paleta orquestal. El movimiento final cierra el discurso con un retorno a los colores del movimiento inicial con los pianos. Ya cerca del epílogo, ejecutando sus eternas líneas ascendentes y los ritmos sincopados, el trabajo del dúo conformado por Daniel Wiesner y Miroslav Sekera muestra toda su brillantez y virtuosismo, no solo desde el punto de vista rítmico, sino también del sonido uniforme y bien empastado con aquel de la orquesta.

 

El tercer concierto (H. 316), de claras influencias Brahmsianas es, me atrevería a decir, el más conservador, sobretodo en términos de orquestación, de toda la producción de Martinů. El estilo vienés, aquí simplificado, muy claro en el desarrollo de sus motivos tanto rítmicos como melódicos, encuentra en las manos de Martin Kasík una interpretación madura que da cuenta, precisamente, de esa cualidad romántica del lenguaje pianístico y orquestal de Brahms, al otorgarle un sonido profundo, muy apropiado para esta obra y que difiere grandemente del sonido más percusivo y brillante necesario para los otros conciertos de Martinů.

 

El exquisito uso de timbres al comienzo del Concierto No. 4 (H. 358) “Inkantace” (Encantación) es seguido de un pianismo que nos recuerda a aquel de Bartók. Aquí la interpretación de Igor Ardašev es de un de un sonido profundo, aun cuando muy bello en si mismo, resulta demasiado reposado para el carácter rítmico y punzante de uno de los conciertos más populares de Martinů.

 

El Concierto No. 5 en Si bemol mayor (H. 366) hace gala de una gran variedad de momentos musicales lo cuales, aun cuando muestran gran imaginación, no constituyen entidades completamente desarrolladas, sino que conforman instantáneas que se suceden sin consecuencias musicales aparentes. Ivo Kahánek realiza un estupendo trabajo en una obra que demanda, como casi toda la música de Martinů, un sonido brillante y percusivo.

 

El disco puede ser adquirido aquí: Martinů

 

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